jueves, 21 de agosto de 2008

HACIA LA META ¡¡SIN TEMOR!!

Hay cinco palabras en hebreo que traducen con la palabra “temor”. En realidad, en la Biblia la palabra “temor” se menciona unas seiscientas veces. Esto no es algo sin importancia. Jesucristo ordenó: “No teman”. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, desde Abraham hasta Juan en la isla de Patmos, oímos ese mandamiento una y otra vez: “No teman”.

Para poder dominar nuestra tendencia al temor, necesitamos comprender la diferencia entre la emoción de temor y el espíritu de temor. Dios no da la emoción de temor a todos para ayudarnos a responder a situaciones de peligro. El espíritu del temor proviene de Satanás; él nos da el espíritu del temor para dañarnos.

Las enfermedades han matado a miles, pero el espíritu de temor ha matado a decenas e miles. Nuestras más grandes crisis provendrán del temor al problema, no de la presencia del problema. Los psiquiatras describen al espíritu de temor como fobias, y han identificado setenta y cinco fobias diferentes que producen temor irracional, anormal y paralizante. Este espíritu de temor quebrará tu espíritu, destruirá tus defensas y te desarmará el día de la batalla. El espíritu de temor traerá el terror en tu lecho de muerte. Sin importar cual sea la fe que profeses, si vives con el espíritu de temor, eres un ateo practicante. Pablo les dijo a los primeros cristianos: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

El espíritu de temor puede tener cuatro consecuencias dañinas:

1. El temor puede atacar tu mente. Se cuenta la historia de un tipo que a escondidas subió a un vagón que cargaba bananas para viajar gratis a la siguiente ciudad. Se acostó sobre un montón de paja y se durmió. Pero despertó al sentir que algo caminaba por su rostro y sus manos. Se sacudió para alejarlo, pero la cosa seguía allí. Al final, el hombre se levantó, más enojado que asustado. Encendió un fósforo y vio una enorme tarántula. El fósforo se apagó, y la oscuridad le envolvió. Buscó la puerta, pero la encontró cerrada con candado. Golpeó hasta que sus puños sangraron. No hubo respuesta. Cuando abrieron la puerta del vagón a la mañana siguiente, el hombre había enloquecido. No a causa del dolor físico. No porque una tarántula lo hubiera mordido. Enloqueció a causa del espíritu de temor.

2. El temor puede ser contagioso. En un pueblo del oeste, un hombre comenzó a correr por la calle gritando: “¡La represa se ha derrumbado!” Los clientes de la peluquería le oyeron e instantáneamente se unieron a él en pánico, corriendo y gritando: “¡La represa se ha derrumbado!”. Las mujeres que estaban en el supermercado oyeron los gritos y se unieron al grupo. Los policías y los bomberos también lo hicieron. Las calles estaban llenas de gente corriendo y gritando: “¡La represa se ha derrumbado!”. Un anciano corrió tolo lo que pudo, y luego se sentó al costado de la calle. Pensó: “Toda la vida he vivido aquí. ¿De qué represa hablan?”. En verdad, no existía tal represa. No había peligro. Solo había miedo contagiado. Después de unos minutos, todos los habitantes el pueblo volvieron a su lugar, avergonzados y exhaustos a causa de su respuesta a un miedo colectivo.

3. El miedo puede convertirse en una profecía que se cumple por sí misma. Job dijo: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25). El hombre que teme continuamente por su salud, que vive tomándose el pulso y mirándose la lengua en el espejo, morirá años antes de lo que Dios tenía planeado.

4. El espíritu de temor puede robarnos nuestro legado espiritual. No creer implica que Dios es un mentiroso. Si Dios no es verdad, si no podemos creer en Él, entonces no sirve para ser Dios. No creer es traicionar a Dios. Millones de cristianos que se sientan en la iglesia cada domingo a cantar “La Fe es la Victoria” recuentan en el cielo entre los “cobardes e incrédulos”. Los seis miedos mortales: · Miedo a lo desconocido · Miedo a la muerte · Miedo a los demás · Miedo al fracaso · Miedo a la traición · Miedo a la carencia

Si vencemos a estos seis miedos mortales, dominaremos en realidad al espíritu de temor. Y lograremos ser realmente libres. Así que ¡Hacia TU meta! ¡¡Sin temor!!

2 comentarios:

Melvin dijo...

Definitivamente el espiritu de temor es un espiritu que se encuentra en muchos creyentes e incluso líderes, y es la limitante para que puedan escalar montañas mas grandes y alcanzar objetivos mas impresionantes tanto en la obra del Señor como en la vida personal.

Debemos aferrarnos a las promesas de Dios y ponerlas en práctica para que como dice el versículo en Filipenses 4:13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Adelante, vensamos al temor...porque más GRANDE es él que está con nosotros.....

milagros dijo...

EN OCASIONES RECIBIMOS ESOS ESPIRITUS DE TEMORES DE NUESTROS ANTEPASADOS Y DEBEMOS QUEBRANTAR EN EL NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO TODA MALDICION GENERACIONAL EN NUESTRAS VIDAS.