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jueves, 26 de marzo de 2009

El hace la diferencia

"... porque cuando me siento débil, en realidad soy muy fuerte."
II Corintios 12:10

No importa qué debilidad piensas que puedes tener, no importa qué insuficiencias o contratiempos te han surgido, Dios quiere darte su fuerza divina. Él quiere hacer la diferencia y te impulsa más lejos de lo nunca creíste posible. Una vez en el Antiguo Testamento, Dios simplemente multiplica el sonido de los pasos de cuatro hombres y les hizo sonar como un poderoso ejército. Cuando sus enemigos oyeron salieron corriendo. Hubo miles de tropas enemigas corriendo por su vida, con miedo a la muerte, pensando que estaban siendo atacados por un enorme ejército, cuando en realidad eran sólo cuatro personas. ¿Qué pasó? ¡Dios hizo la diferencia!

Dios puede hacer que parezcas más grande de lo que eres realmente. Él puede hacer que parezcas más poderoso. Él sabe cómo multiplicar tu influencia, multiplicar tu fuerza, tu talento y tus ingresos. No tienes que entender como funciona, todo lo que tienes que hacer es poner tu confianza en él. Pon tu fe en lo sobrenatural para un año y despierta cada día esperando mucho de Dios y todo su favor, a continuación, vas a ver a Dios haciendo la diferencia en cada área de tu vida.

jueves, 29 de enero de 2009

Diré al Señor

Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Salmo 91:2

Tus palabras de fe activan las promesas de Dios. ¿Qué le has dicho al Señor hoy? En otras palabras, ¿qué estás declarando que Dios hará en tu vida? En los siguientes versos de éste Salmo dice que "Él me cubrirá, me librará y me protegerá". Mira la conexión. "Yo diré" y "Él hará". ¡Que promesa tan maravillosa! Por otro lado si nosotros no decimos nada, nuestra fe no se activa, es como si leyeramos el pasaje de otra forma: "Yo no le digo al Señor y El no hace".

En 3 Juan 2 Dios nos dice que prepara todas las cosas para que tu prosperes y seas saludable. Tu puedes tomar la promesa y decir "Dios, tú dices que quieres que yo sea sanado. Tu dices que quieres que yo sea prosperado en todo. Entonces, yo te digo Señor "Tu eres mi refugio. Tu eres mi proveedor. Tu eres mi vengador. Tu eres mi Victoria"".

Recuerda, cuando tu empiezas a "decirle al Señor" tus palabras abren los archivos de tu fe y ellos abren la puerta para que Él se mueva hacia ti, hacia tu auxilio, hacia tus circunstancias.


Desde hoy y por siempre agradezcamos a nuestro Padre por salvarnos y redimirnos. Tomemos sus promesas para nuestra vida y declarémoslas. ¡Él es nuestro refugio! ¡Él es nuestra fortaleza! Podemos estar seguros de que nuestros resultados serán victoriosos.


jueves, 20 de noviembre de 2008

Libertad a prueba

Para llegar a madurar, a desarrollar carácter, autodisciplina e integridad todos debemos pasar por tres pruebas, comunes a toda la humanidad. Porque Dios quiere que seamos internamente controlados, nos llama mientras estamos en el desierto para pasar estas tres pruebas de responsabilidad. La prueba no dura por siempre. Jesús pasó cuarenta días, y cuando terminó había pasado las tres pruebas perfectamente para servir de ejemplo para nosotros.

Estas tres pruebas incluyen las áreas de disciplina física, motivación y codicia. Estas son las áreas que Dios pone a prueba en el desierto para prepararnos antes del cruce del Jordán. Una vez que pasamos las tres, estamos listos para mojarnos los pies. Estas pruebas son necesarias porque quien no está acostumbrado al poder, es peligroso. Lo mismo vale para quien es orgulloso, o para quien no puede tomar posesión de su propio cuerpo, porque no es capaz de controlar sus apetitos. Estas personas son irresponsables y peligrosas, y no son dignas de confianza.

Las categorías de estas pruebas pueden denominarse de la siguiente manera:

1. Pruebas de apetito. 2. Pruebas de motivo, orgullo y fama. 3. Pruebas de codicia y poder.

1. Prueba de apetito

"Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan" (Mateo 4:3).

Esta primera prueba era la tentación de la autogratificación y tiene que ver con nuestros tres apetitos básicos: alimento, bebida y sexo. Nadie es verdaderamente libre hasta que se ha disciplinado en las tres áreas. Permítame señalar que también fue la primera área de prueba para Israel en el desierto. Comenzaron a clamar por alimento: la autogratificación. Muy pronto olvidaron el milagro de las plagas y del Mar Rojo, para concentrarse en su propia gratificación. Una de las mayores responsabilidades de la libertad es la disciplina autoimpuesta que debemos tener en el área de nuestros apetitos: comida, bebida y sexo. La libertad exige autocontrol.

2. Prueba de motivo, orgullo y fama

"Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mateo 4:5-6).

Esta prueba era la tentación de la fama instantánea y el éxito repentino. Si Jesús hubiera hecho esto habría sido famoso inmediatamente, Y miles de personas en el patio del templo habrían visto este milagro, y habrían creído en Él. Sin embargo, habría cancelado y obviado el proceso de formación de carácter y de crecimiento, necesarios para llegar a ser responsable para la libertad que Él poseía con el propósito de liberar a otros. Para ser verdaderamente libre, usted debe pasar por un proceso de desarrollo de carácter. El verdadero éxito nunca es inmediato ni instantáneo.

3. Prueba de codicia y poder

"Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Mateo 4:8-10).

Cuando un hombre está libre de la necesidad de poder, califica para ejercer la autoridad. Así que esta tentación de poder y codicia era para probarlo, exigiendo el sacrificio de la integridad de Jesús y exigiendo su carácter, tentándolo con el poder.

Si no ha habido ángeles en su vida durante mucho tiempo, quizá sea porque no ha pasado pruebas últimamente. Los ángeles son enviados a ministrar a quienes han pasado con éxito una prueba del desierto.

jueves, 3 de julio de 2008

¡Llamados a la Victoria!

¡Por supuesto! Todos queremos tener una vida Victoriosa, todos buscamos una mejora continua para nustras vidas y el perfecto equilibrio en todos los aspectos de nuestra vida. Pero antes de lograr cualquier sueño, cualquier objetivo, cualquier "cosa" que valga la pena disfrutar, tenemos que pagar el precio: Tenemos que cumplirle a Jesús. "Permaneced en mí y yo en vosotros". Respetar y cumplirle a Jesús, empieza porque estemos conscientes de que Dios está dentro de nosotros y nosostros debemos estar dentro de Él. Por lo tanto "cumplirle a Jesús" significa vivir cada momento de nuestra vida, los tristes y los alegres, los de derrota y los de victoria, los solitarios y los de compañía, con Jesús justamente a nuestro lado, me refiero a vivir cada momento con la radiante presencia de Cristo a nuestro alrededor. ¿Podemos buscar la Victoria? Sí. Independientemente si ves el éxito en términos de dinero, el número de hijos que tengas, el número de personas que llevas a Cristo, en el número de personas en tu iglesia, o cualquier otra cosa, los cristianos queremos la victoria en nuestras vidas. El gran problema es que ponemos nuestros puntos de medida de éxito en términos materiales y es por eso que los números se vuelven tan importantes: queremos un NUMERO suficiente de personas en el grupo de oración, queremos un NUMERO grande de asistentes a la iglesia, y cuando logramos estos números creemos que hemos logrado los objetivos, que hemos tenido éxito. Pero ¿es esto el ÉXITO ante los ojos de Dios? Cuando vayamos tras un objetivo, cuando busquemos alcanzar nuestro ÉXITO hagamonos dos preguntas: 1) ¿Puedo buscar este objetivo abiertamente, a la par de Jesús? 2) ¿Tengo que dejar a Jesús por fuera para hacer realidad mi objetivo? Si al alcanzar nuestros objetivos podemos celebrar con Jesús, porque el nos acompañó a cada paso que dimos, porque el aprobó cada transacción que hicimos y no tenemos nada que ocultarle ni nada que esconder, no solo alcanzamos el éxito sino algo más grande y mejor: la VICTORIA.