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jueves, 5 de noviembre de 2009

¿Eres una víctima o un conquistador?

"Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó." (Ro. 8:37) ¡Esta es una declaración de gran alcance! Permítame preguntarle una vez más: ¿Es usted víctima de las circunstancias fuera de su control? ¿Culpa a los demás - incluso Dios - para su destino? ¿O se puede reír a pesar de todas las turbulencias en su interior?

El Señor me recordaba a una niña de Etiopía, a quien entrevistarion en televisión hace unos meses. Tal vez usted también la vio. Ella fue filmada por un corresponsal de la televisión canadiense durante la hambruna de Etiopía una serie de años atrás cuando ella se estaba muriendo. Ella, una niña de unos 3 años, era una bolsa de huesos, cayó inerte en brazos de su madre. El médico en el campamento de refugiados le dijo al reportero que ella estaría muerta por la noche. Pero ... sobrevivió milagrosamente a pesar de todo, fue patrocinada para estudiar en el extranjero, y se puso a contar su increible historia a millones gracias a la prensa. Ella estaba estudiando para ser enfermera porque quería ayudar a su pueblo y ser un testimonio de Dios.

Sí, públicamente dio a Dios la gloria por su curación milagrosa y todo lo que siguió. Ella estaba radiante, feliz, aparentemente bien ajustada y segura de si misma. Esa historia me hizo sentarme y exclamar: ¡guau! ¿podría yo ser tan sereno y lleno de alabanza a Dios, si yo hubiera estado en sus zapatos? bueno, en sus pies descalzos, como lo había estado ella, con un constante roer, el estómago vacío, con la miseria y la muerte a su alrededor por años agonizando. Ella tenía el "derecho" a culpar a sus circunstancias, su gobierno, el resto del mundo, que se quedó de brazos cruzados, y Dios por su difícil situación.

Esta chica sabía que tenía un Padre celestial que se haría cargo de ella. Y por ello pasó por todas estas penurias, creyendo, sabiendo que no serían para siempre, ella tenía la convicción de que alguien más grande de lo que veía a su alrededor estaba con ella y por eso se convirtió en una conquistadora.

Romanos 8: 35-36 hace la pregunta: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito, por causa de ti somos muertos todo el día, somos contados como ovejas de la masacre. "Entonces, las respuestas del apóstol Pablo en los próximos dos versículos:" Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó, por lo cual estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura, será capaz de separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. "

Mi oración es que usted, también, independientemente de su pasado o lo que está pasando ahora, será un conquistador a través de la impresionante potencia de su amor. Después de todo, usted puede hacer todas las cosas a través de Cristo, que le fortalece "(Filipenses 4: 13)

jueves, 11 de diciembre de 2008

Recuperando sueños

Hace unas semas estuvimos participando del congreso internacional El Despertar de los Valientes, organizado por MIES y realizado en la Iglesia Coreana de Guatemala. Fue un congreso muy bendecido con palabra de aliento y de confirmación. Estuvieron compartiendo las plenarias, los apóstoles: Luis Tovar, Edwin Santiago y Basilio Patiño. Les comparto fotografías del evento, bajo el título Cristonversando en el Despertar de los Valientes.
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“Jehová, en los cielos está tu misericordia; tu fidelidad llega hasta el firmamento”. Salmo 36:5.

Todos esos sueños que tuvimos algún día, las metas que nos trazamos cada año y los objetivos que vienen a nuestra mente cada fin de año, no son casualidades: son parte del PROPÓSITO que Dios puso en nosotros cuando nos creó, porque el pone tanto el querer como el hacer. Esta es la parte del año clave para retomar todos esos sueños, metas y objetivos, recordarlos, escribirlos y confesarlos y declararlos porque Dios es fiel y él responderá con oportunidades, caminos abiertos y circunstancias favorables para que cumplamos cada uno de los sueños que hemos tenido para nuestra vida, nuestra familia y nuestra sociedad.

Este es el momento justo para decirle ¡Sí! a las bendiciones del amor de Dios para nuestras vidas. Este es el momento en que de vemos escribir la visión de n
uestra vida, declararla, ponerla en lugar visible y “encomendarla a Jehová…confiando en él y él hará” (Salmo 37:5).

Para Dios no hay sorpresas. La crisis económica no es una sorpresa. La crisis moral no es una sorpresa. La pérdida de valores no es una sorpresa. Pero tengo una sorpresa para ti: ¡Tú fuiste creado para vivir en ésta época con un propósito claro! Tú fuiste diseñado para ser la respuesta que muchas personas están esperando. Tú fuiste creado para impactar en tu círculo de influencia. Tú fuiste creado para hacer algo valioso con tu vida. Dios es fiel y espera tu fidelidad. Sacúdete la negatividad, sacúdete el temor, sigue avanzando, éste es el momento ideal para que retomes el control de tu vida, de tus circunstancias, de tus metas. Deja de sobrevivir y ¡VIVE! Ve tras tu misión personal, ve a conquistar tus sueños, ve a bendecir a todos los que se crucen en tu camino con tu decisión, tu compromiso y tu valentía. ¡Dios es fiel y el hará!


Ya no s
igas luchando con tus fuerzas, con tus recursos, con tus conocimientos, con tu profesión ¡llegó la hora de confiar! Ve a conquistar cada día, tú ya estás listo, estás equipado con la misma vida e inteligencia de Dios, pon a funcionar los recursos infinitos que él te ha dado. En este proceso no estás solo, estás acompañado y respaldado por aquél que nunca ha perdido una batalla, el que es vencedor y el que entrega en tu mano la victoria: ¡Cristo está contigo!

Tú eres merecedor de
hacer realidad tus sueños. Tú mereces el éxito. Tú mereces ser contado entre los triunfadores. Por ti hace más de 2,000 años Jesús vino a esta tierra, para conocerte, para sentir lo que tú sientes, para sentir hambre, para sentir sed… para rescatarte y hacerte hijo de Dios, y con ello heredero del reino.

“Ahora, pues, no temas… haré contigo como tú digas…” Rut 3:11

jueves, 27 de noviembre de 2008

Finalmente libre

El jueves recién pasado fuí invitado a participar como conferencista en la inaguración de la Red de Empresarios y Profesionales de ministerio Dios de Pactos, en donde compartimos el tema: Secretos y Estrategias para impulsarte al siguiente nivel. Fue una noche muy bendecida y desde aquí deseo expresar mi gratitud a los organizadores por haberme invitado. Que Dios siga bendiciendo sus esfuerzos para ¡impulsarnos al siguiente nivel!

Más fotografías del envento en la columna al lado derecho bajo el título Cristonversando en REP


La libertad es el descubrimiento de la verdad acerca de nosotros mismos. La verdad trae libertad. La verdadera libertad nos libera para llegar a ser todo aquello para lo que fuimos creados. Nos da libertad para trabajar dentro de las leyes de la vida. Bajo la esclavitud estamos bajo la ley de otro. El látigo se utiliza para hacer cumplir la ley. Pero cuando uno entra en la libertad, debe obedecer leyes Internas.

La presión consiste en mantener estas leyes por sí mismo. La libertad es disciplina autoimpuesta. Esta es la verdad de la vida en libertad. Elegir libremente nuestras propias leyes para la vida, y vivir con las consecuencias de nuestras decisiones. La libertad consiste en hacerse responsable de la propia vida. Diseñar nuestro destino y decidir nuestras consecuencias. Veamos un poco más en detalle los principios de la libertad:

1. En la libertad es uno el jefe, trabaje o no para otros. En la libertad no podemos culpar a nadie por nuestras victorias o errores, más que a nosotros mismos. Quizá hayan pasado tres generaciones desde que nuestra familia obtuvo la libertad de la esclavitud, pero si seguimos culpando a nuestra cultura por los problemas, todavía no somos verdaderamente libres. Esto es lo que dice Santiago: "Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad" (2: 12).

2. La libertad exige más trabajo que la esclavitud. Otra notable diferencia entre la libertad y la esclavitud es que la libertad exige más trabajo que la esclavitud. No parece tener sentido ¿verdad? El faraón oprimía a los israelitas. Los obligaba a trabajar, a levantarse temprano, a trabajar duro e ir a dormir tarde. Se les pegaba si trabajaban lentamente, se les pateaba y escupía si se rebelaban. Era un trabajo duro y cruel.

Pero cuando nos detenemos a pensar en ello, la libertad exige más trabajo que la esclavitud. ¿Por qué? Porque jamás calificaremos para la libertad si no somos industriosos. Cuando buscamos la voluntad de Dios en el desierto, Él administrará nuestros talentos y nos enviará a utilizarlos frente a los habitantes de la tierra prometida. Debemos tomar la tierra, y eso implica TRABAJO. Ya no hay milagros instantáneos en Canaán. Del otro lado del Jordán debemos aprender cómo ayunar y orar para ser parte del milagro. Debemos ordeñar la vaca y recoger la miel para disfrutar de la leche y la miel de Canaán. Es allí donde Cristo nos dará la alforja y la capacidad de trabajar para llenarla con dinero. Debemos trabajar duro y quizá hasta fracasar alguna vez antes de lograr el éxito. Administración. Administración. Jamás olvide la porción de las Escrituras que cambiará su. Está en el libro de Proverbios: "El que labra su tierra se saciará de pan; mas el que sigue a los ociosos se llenará de pobreza" (28:19).

3. La libertad requiere de más responsabilidad que la esclavitud.

Los errores que cometemos en el desierto pueden llegar a destruirnos si los cometemos en Canaán. Los requisitos de la responsabilidad son mucho más altos en Canaán.

4. La libertad impone la necesidad de control más que la esclavitud.

Pensamos en la esclavitud como en un estilo de vida en que alguien domina y controla a otros. Pero la libertad impone la necesidad de un control aún mayor. Hay una forma de esclavitud de la que uno puede librarse, el tipo de esclavitud como el que vivieron los israelitas en Egipto. Sin embargo, hay también una esclavitud que nos imponemos a nosotros mismos por medio de nuestras decisiones irresponsables. Así que, a causa de las implicancias eternas que nuestras decisiones pueden tener sobre nosotros y los demás, cada día, este principio de libertad declara la necesidad de que nos controlemos internamente. El gran apóstol Pablo, iniciador de muchas de las primeras iglesias, lo menciona en 1 Corintios 6:12, al escribir: "Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna". Creo que Dios nos exigirá rendir cuentas de todo lo que hagamos a partir de ahora.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Libertad a prueba

Para llegar a madurar, a desarrollar carácter, autodisciplina e integridad todos debemos pasar por tres pruebas, comunes a toda la humanidad. Porque Dios quiere que seamos internamente controlados, nos llama mientras estamos en el desierto para pasar estas tres pruebas de responsabilidad. La prueba no dura por siempre. Jesús pasó cuarenta días, y cuando terminó había pasado las tres pruebas perfectamente para servir de ejemplo para nosotros.

Estas tres pruebas incluyen las áreas de disciplina física, motivación y codicia. Estas son las áreas que Dios pone a prueba en el desierto para prepararnos antes del cruce del Jordán. Una vez que pasamos las tres, estamos listos para mojarnos los pies. Estas pruebas son necesarias porque quien no está acostumbrado al poder, es peligroso. Lo mismo vale para quien es orgulloso, o para quien no puede tomar posesión de su propio cuerpo, porque no es capaz de controlar sus apetitos. Estas personas son irresponsables y peligrosas, y no son dignas de confianza.

Las categorías de estas pruebas pueden denominarse de la siguiente manera:

1. Pruebas de apetito. 2. Pruebas de motivo, orgullo y fama. 3. Pruebas de codicia y poder.

1. Prueba de apetito

"Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan" (Mateo 4:3).

Esta primera prueba era la tentación de la autogratificación y tiene que ver con nuestros tres apetitos básicos: alimento, bebida y sexo. Nadie es verdaderamente libre hasta que se ha disciplinado en las tres áreas. Permítame señalar que también fue la primera área de prueba para Israel en el desierto. Comenzaron a clamar por alimento: la autogratificación. Muy pronto olvidaron el milagro de las plagas y del Mar Rojo, para concentrarse en su propia gratificación. Una de las mayores responsabilidades de la libertad es la disciplina autoimpuesta que debemos tener en el área de nuestros apetitos: comida, bebida y sexo. La libertad exige autocontrol.

2. Prueba de motivo, orgullo y fama

"Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mateo 4:5-6).

Esta prueba era la tentación de la fama instantánea y el éxito repentino. Si Jesús hubiera hecho esto habría sido famoso inmediatamente, Y miles de personas en el patio del templo habrían visto este milagro, y habrían creído en Él. Sin embargo, habría cancelado y obviado el proceso de formación de carácter y de crecimiento, necesarios para llegar a ser responsable para la libertad que Él poseía con el propósito de liberar a otros. Para ser verdaderamente libre, usted debe pasar por un proceso de desarrollo de carácter. El verdadero éxito nunca es inmediato ni instantáneo.

3. Prueba de codicia y poder

"Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Mateo 4:8-10).

Cuando un hombre está libre de la necesidad de poder, califica para ejercer la autoridad. Así que esta tentación de poder y codicia era para probarlo, exigiendo el sacrificio de la integridad de Jesús y exigiendo su carácter, tentándolo con el poder.

Si no ha habido ángeles en su vida durante mucho tiempo, quizá sea porque no ha pasado pruebas últimamente. Los ángeles son enviados a ministrar a quienes han pasado con éxito una prueba del desierto.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Eres Libre: ¡Avanza!

La razón por la que el Sr. Tal o el Sr. Cual sigan aún donde están, en los peldaños inferiores de la escalera, es porque la información no implica transformación. Solo la conversión lo logra. No es lo que somos lo que nos impide avanzar, sino lo que creemos no ser. Si piensas que no eres del tipo de persona que puede disciplinar su mente para obtener nuevos conocimientos, cambiar donde se necesita cambiar y destacarse hasta sobresalir, entonces no verás los carteles que anuncian posibles promociones y ascensos. Pero si crees en ti mismo y estás dispuesto a correr ciertos riesgos, podrás subir los peldaños de la caprichosa escalera, mantendrás el paso firme.

Ahora veamos esto con los ojos del creyente cristiano. Los cristianos viven y trabajan en el mundo real. No vivimos en una burbuja. Mira tu vida. ¿Has glorificado a Dios en tu trabajo? ¿Cuán exitoso ha sido tu viaje? ¿Tu experiencia de vida actual incluye la voluntad de cambiar lo que te separa de un viaje de solo un mes, a diferencia de otro que le llevará cuarenta años? ¿Vives en la tierra prometida del bienestar y el éxito que Dios nos ofrece? ¿O andas sin rumbo en el desierto de la mediocridad, sin visión de éxito alguno?

La parte más difícil para Moisés durante esos cuarenta años de camino hacia la Tierra Prometida ha de haber sido la realidad de saber que lo único que le impedía a Israel progresar, era la actitud de sus mentes. Lo que vemos y lo que oímos es poco comparado con lo que pensamos. Es el poder de la mente lo que puede hacer que un hombre o una mujer que comienzan como empleados rasos en una empresa lleguen a ocupar un puesto en la gerencia a tan solo cinco años de haber comenzado a trabajar allí. Es también el motivo por el que otro empleado seguirá marcando tarjeta de entrada y salida en el mismo puesto durante diez años. Uno marca tarjeta, y solo intenta sobrevivir. El otro mira hacia el futuro, al siguiente paso, busca excelencia y logros. Uno cree y concibe, el otro solamente oye.

El proceso de pensamiento en la mente humana cambia solamente cuando el operador concibe y cree lo que entra por sus ojos y oídos. La concepción debe suceder antes de que pueda haber un cambio real. Los matrimonios saben que aunque el acto sexual ocurra varias veces, el embarazo no se dará hasta tanto la mujer conciba. Y cualquier madre podrá decirle que cuando concibe un hijo, hay un cambio que se produce en su interior. Su fisiología cambia por completo: sus hormonas, su actitud, su humor y también la forma en que ve el futuro. Lo mismo vale para los empleados que reciben instrucción y órdenes de ejecutivos superiores. Cuando las verdades ejecutivas que sus líderes quieren impartir son concebidas en el corazón del empleado, allí ocurre el cambio. Ese empleado sobresaldrá, avanzará por la escalera empresarial y traerá honor a su profesión, una vez que conciba la verdad del éxito.

También vale esto para el que va a la iglesia y se sienta bajo la Palabra de Dios: finalmente concibe en su corazón la verdad de lo que oye. Ocurrirá un cambio. El creyente que concibe saldrá y honrará a Dios en su vida. Pero el creyente o el empleado que continuamente oye sin concebir, seguirá sentado con la misma actitud y los mismos problemas del desierto, sin aprovechar las oportunidades que se presentan. ¿Por qué? Porque esa es la voluntad de esta persona.

La vida cristiana es una decisión cotidiana. A veces pensamos: ¿No sería maravilloso si todas las mañanas Jesús entrara en mi dormitorio, me tomara del cuello de la camisa y me arrastrara con Él todo el día para que lo siguiera? ¿No sería hermoso, oh, Dios, si tú, en un instante, me mostraras la sabiduría de hacer lo que tú quieres que hagamos? La vida andaría sobre ruedas, y yo no tendría que tomarme el tiempo de leer tu Palabra, ni de orar todos los días.

Pero la vida no es así. De hecho, la afirmación de Jesús en las Escrituras dice: "Quien quiera seguirme, que me siga". La tierra prometida siempre está delante de nosotros, pero debemos querer avanzar hacia ella.

Eres libre: ¡Avanza!

jueves, 6 de noviembre de 2008

Libertad para cambiar

Ahora, aquí está el punto de la cuestión: cuando algunos se iban de Egipto, llevaban sus viejas tablas de lavar la ropa con ellos. Cuando llegaban a Canaán, llevaban las tablas de lavar al lavadero automático las ponían dentro de la máquina y comenzaban a lavar. Ni siquiera pensaban para qué servirían los botones y relojes de los comandos. Las maravillas electrónicas estaban frente a sus ojos, pero estaban tan condicionados a la esclavitud que ni siquiera se preguntaban qué será esto nuevo que hay delante de sus narices. Esta es una buena ilustración de lo que significa estar libre pero no ser libre. Las máquinas de lavar la ropa hacen todo el trabajo con solo apretar un botón. Los dedos arruinados por el agua y el jabón, los brazos dolidos por refregar, son cosa del pasado. Pero cuando el pasado consume nuestro presente, lo mismo da. El lavadero automático es un nuevo lugar donde podemos hacer lo mismo que hacíamos en el río. Es el tipo de pensamiento opresivo que Dios quiere que dejemos atrás. Claro que es difícil cambiar; sin transformación mental, todo lo que hagamos para "cambiar" quizá solo produzca un nuevo lugar donde haremos lo que hacíamos antes. Hay millones de personas hoy que siguen atadas al poste, o que laven la ropa en el lavadero automático, a causa del opresivo condicionamiento de pasado que aún controla su presente.

Muchos han sido condicionados para decir: "No puedo ser santo; soy un gusano que espera el cielo. Espero poder entrar, porque por cierto no puedo ser justo en la Tierra. ¿Qué comeremos esta noche en la prisión? No puedo ser yo mismo. No puedo ser liberado. No puedo ser sanado. No puedo ser libre".

Están tan acostumbrados a creer en esas mentiras, que cuando Dios les dice que son libres no pueden creerlo. Siguen sentados en su celda, oyendo la buena nueva de la libertad en el evangelio, pero sin creer lo que oyen.

Millones de personas están atadas por su pasado. Aunque se les han quitado las cadenas, siguen atadas por las mentiras del condicionamiento egipcio de que jamás podrán salir a caminar en libertad para disfrutar del fruto de su destino. La comodidad de que otros controlen su vida en la esclavitud es demasiado atractiva para muchas personas. Así que se quedan cerca del poste, muriendo de hambre. No ejercitan sus mentes y jamás llegan a conocer lo que hay más allá de las puertas de su cornada prisión.

El mensaje del Creador en este siglo XXI es: la obediencia exige la responsabilidad de salir de nuestra prisión. Hemos andado sin rumbo en el desierto, nombrando y clamando por las cosas durante ya mucho tiempo. Nuestro viaje gratis ha terminado. ¡Es hora de comenzar a trabajar!

Suena asombroso, pero lo único que Dios no podía hacer con los hebreos en el desierto era que cambiaran de mentalidad. Tampoco puede cambiar la nuestra. Nos inspirará con deseos justos y santos, pero Él no nos cambiará. Porque el único que puede cambiar mi mente soy yo mismo, el único que puede renovar su mente es usted mismo. Es por esto que Pablo escribió en su carta a la iglesia cristiana de Roma: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Romanos 12:2).


Nada cambia si no cambia el alma.

jueves, 30 de octubre de 2008

Libertad, libertad, ¡Libertad!

Inicio hoy una serie sobre la Libertad. ¿Qué significa? ¿Cómo la logramos? ¿Qué implica? ¿Hacia dónde nos lleva? ¿Cómo la conservamos?


La libertad es una responsabilidad que solo los valientes pueden aceptar y sobrellevar. Se da en nuestra mente cuando aceptamos nuestra responsabilidad de avanzar y permitir el re-acondicionamiento de nuestro pensamiento viejo, opresivo y encarcelador. Quienes no avanzan viajan en interminable círculo porque nada cambia de verdad hasta tanto cambie la mente.

La razón por la que Dios se negó a llevar a los israelitas directamente a Canaán después de su liberación, fue porque seguían mentalmente siendo esclavos de Egipto. Habían sido liberados de Egipto, pero todavía no eran libres. Así que Dios debió lidiar con sus mentes aunque sus cuerpos estaban ya libres de la opresión. Esta ilustración capta el principio que se aplica a las personas, las comunidades y las naciones: las condiciones determinan la conducta hasta que son interrumpidas por una fuerza externa.

No hay forma de entrar en la libertad sin soportar el peso de su responsabilidad. Si quieres ascender al puesto de gerente general, debes estar dispuesto a aceptar la responsabilidad de esta posición. El precio de la responsabilidad requiere de más tiempo, talento, energía, iniciativa y sustancia. El título es bueno; la paga, maravillosa; pero la carga laboral es siete veces mayor. Tienes que estar allí antes que todos los demás, y serás el último en dejar la oficina. Si algo sale mal, te llamarán a ti, de día o de noche. Si el caño de agua se rompe a las 03:00, recibirás una llamada de teléfono. El día de trabajo de 09:00 a 17:00 ya no se aplica a ti, porque ahora eres tu el gerente general, y ahora tu trabajas todo el tiempo. Es fácil ser encargado de limpieza, porque puede irse a las 17:00. Cuando trabajas como empleado, a veces podrás salir a almorzar y tardar casi dos horas, porque casi nadie se dará cuenta. Pero si quieres progresar debes madurar a la responsabilidad de la libertad, porque hay un costo.

Cuando Jesús comenzó su ministerio, de pie en la sinagoga de Nazaret leyó del libro de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor" (Lucas 4:18-19).

La terminología utilizada en este pasaje pinta la imagen de alguien que visita una prisión y encuentra que todas las puertas están abiertas pero ve que los prisioneros permanecen dentro. Jesús dijo que había venido para pregonar la libertad a los prisioneros. Las puertas de la prisión estaban abiertas, pero los prisioneros todavía estaban sentados dentro de sus celdas. Estaban contentos: como muchas personas y naciones hoy, de que la puerta estuviera abierta. Se sentían orgullosos de ello. Pero aun así seguían sentados sobre sus catres en la celda. ¿Por qué? Porque en la prisión la comida es gratis. Cuando se está en prisión, alguien más paga por la ropa, la energía eléctrica, la televisión, etc.

Cuando una persona nace de nuevo, el Espíritu de Dios "re-crea" su ser interior y habita allí. Pero la libertad que llega a nuestra mente y nuestras acciones depende enteramente de nosotros. Somos libres de salir de nuestra celda, y somos libres de permanecer allí, porque de acuerdo al evangelio de Cristo nadie es puesto en libertad automáticamente.

jueves, 23 de octubre de 2008

¿Amas de verdad?

¿Te paras frente al microondas gritando: “¡Vamos, apúrate!”? ¿Te impacientas al preparar café instantáneo? Por desgracia, no podemos comprender a Dios, que es tan poderoso y paciente a la vez. Cuando Dios no hace lo que queremos nos ponemos impacientes, molestos., Debemos aprender este divino principio de la naturaleza del Señor: ¡Las demoras de Dios no son negativas de Dios!

Uno puede cargar toneladas de mercadería de un lado de los barcos cargueros y no se vuelcan. Por otra parte, una canoa se volcaría muy fácilmente; apenas se desequilibra el peso, uno cae al agua.

¿Vas tú en una canoa o en un barco carguero? ¿Se vuelca ante la menor provocación? ¿O eres como un carguero, firme y sólido en todo momento? El amor es paciente. ¿Cuán paciente eres contigo mismo y con los demás?

¿Quieres hacer algo grandioso por Dios? Entonces se amable con tus hijos. El resultado puede llegar a ser dramático. Y extiende esta amabilidad a todas las personas que te rodean: familia, empleo, iglesia, etc.

¿Qué hay de malo en los buenos modales? Todavía sigue siendo apropiado acercarle la silla a una dama antes de que tome asiento. Aún sigue siendo apropiado abrir la puerta para que pase su esposa, aunque lleve veinticinco años de matrimonio. Todavía sigue siendo apropiado mantener una conversación sin condimentarla con malas palabras. Aún sigue siendo apropiado enviar tarjetas de agradecimiento a los amigos y familiares. ¿Eres educado?

Los modales se aprenden, no se contagian, como sucede con un virus. Los hijos en cada hogar llevarán los modales que aprendan de sus padres a sus propios matrimonios y a la sociedad. Los modales pueden ser la voz más clara del amor.

En su retrato del amor el apóstol Pablo escribió: “El amor… no busca lo suyo” (1 Corintios 13:5). El amor no insiste en salirse con la suya. El verdadero amor no busca una ventaja egoísta. Encontramos este tipo de lealtad a menudo en la Biblia. Basta con el ejemplo de Rut y Noemí. Pablo escribió: “El amor no busca el mal” y “el amor todo lo espera”. Sin embargo, cuando tenemos baja autoestima, pensamos cosas malas acerca de nosotros mismos y nos negamos a esperar lo mejor para nosotros.

¿Qué es la autoestima? El diccionario Webster la define como “respeto a uno mismo”. Fundamentalmente, la autoestima es el modo en que nos vemos a nosotros mismos.

¿A quién ves en el espejo? ¿Te gusta lo que ves? El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos determinará nuestra respuesta a cada una de las siguientes preguntas:

¿Te gusta Dios? ¿Te gusta pensar en tu futuro? ¿Te gusta tu esposa? ¿Te gusta tu esposo? ¿Te gusta alguien? ¿Querrías ser otra persona?

El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos determinará nuestro futuro espiritual, emocional, intelectual y financiero.

Uno e los secretos mejor guardados del éxito es el siguiente: debemos sentir amor dentro de nosotros antes de poder darlo a otros.

jueves, 9 de octubre de 2008

Decidido

Por supuesto que tu vida tiene un propósito. Fuiste creado con un diseño único. No eres una "prenda" en serie. Tu diseñador puso su firma en tí: puso su propósito para tu vida. Tu misión es descubrir ese propósito y dirigir toda tu fuerza, tus talentos, tus dones, tus conocimientos, tu preparación y tus recursos para realizar ese propósito.

Cuando descubres tu propósito, la visión para tu vida surge inmediatamente. En ese momento te sientes completo, seguro, animado, motivado y decidido para conseguirlo cueste lo que cueste. De aquí en adelante es cuestión de decisión o de indecisión.

La indecisión es el asesino secreto que estará socavando y aniquilando la visión de tu vida. Te coloca en un terreno pantanoso. Te lleva a arenas movedizas y termina por hundirte en la desesperación, el desconsuelo y el desánimo.

No permitas que la indecisión acabe contigo. Debes tomar el primer paso para lograr tu propósito.

Mucha gente hace listas de lo que tiene que comprar o de lo que tienes que hacer en su trabajo. Sin embargo, no hacen listas de lo que quieren ser y hacer con su vida. Esos deseos de lograr cosas grandes, cosas diferentes, cosas impactantes o simplemente ese deseo de ser y de superar las limitaciones, son chispazos que Dios pone en tu mente y tu corazón para recordarte que estás aquí con un propósito para realizar. ¡Adelante!

Vence la indecisión y conquistarás todo. Si la indecisión te domina, lo perderás todo.

jueves, 2 de octubre de 2008

Poder para Transformar

El domingo recién pasado fui invitado a participar como conferencista en el seminario “Águilas en las Alturas, Soy líder donde estoy”, organizado por mi amigo y hermano Eduardo del Águila de misión cristiana Príncipe de Paz. La pasé muy bien y hoy comparto en este Cristonversando el tema que compartí y que literalmente puede transformar nuestra vida y la perspectiva que tengamos de ella.

Todos en alguna ocasión quisimos ser súper héroes, tener algún poder especial y salir volando a derrotar el mal y a “¡Luchar por la justicia!”. La buena noticia es que si tenemos poder, un poder aún superior al de cualquier héroe, superior incluso al de todos los súper amigos juntos: en nosotros tenemos el poder de la resurrección. ¡Sí! Ese mismo poder que sacó a Jesús de la muerte, hoy funciona en nosotros para liberarnos de cuatro grandes problemas que atravesamos todos los seres humanos y que nos estancan y que postergan la realización de grandezas en nuestra vida y en la vida de nuestras sociedades.

El poder de la resurrección opera en nosotros en cuatro ámbitos impresionantes:

1)Nuestro PASADO. ¿Quién de nosotros no ha querido en algún momento “empezar de nuevo”, “hacer borrón y cuenta nueva”? ¡Todos! En nuestra vida o en algún proyecto que llevamos a cabo. Ese pasado con todos sus pecados, errores, olvidos, frustraciones, dolores, etc. Quisiéramos eliminar nuestro pasado y empezar de cero. ¡Buena noticia! Dios ya no recuerda tu pasado. El toma tu pasado y lo hecha en el fondo del mar. No se recuerda de nada. Es más, tu llegas delante de Él y le pides perdón por tu pecado y Él te responde ¿Cuál pecado? Solo nosotros recordamos nuestro pasado. Somos nosotros los que decidimos que nuestro pasado nos estorbe, nos limite. “Olvidando lo que queda atrás… sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). Dios nos dice que es innecesario vivir con esa pesada carga de culpas y recuerdo de errores. Él nos dice que nos perdonó todos los pecados y anuló todo récord de deuda que teníamos que pagar. (Colosenses 2:14).

2)Nuestra MENTE. ¿Realmente quieres transformar tu vida? Entonces tienes que transformar tu pensamiento. Tus pensamientos determinan que sientes y lo que sientes determina como actúas y según cómo actúas, así serán tus resultados. En Proverbios 4:23 se nos exhorta a tener mucho cuidado con lo que pensamos, ya que ello determinará nuestra vida. Así que a mejorar la calidad de tus pensamientos. ¿Cómo? Sencillo. Llena tu mente de nuevos conceptos, de nuevos puntos de vista. Y muy importante, al descubrirte pensando en algo que no te edifica, sino que te puede destruir, sustituye tu antiguo pensar por tu nueva forma de pensar. Que habite en nuestra mente la palabra de Cristo con toda su riqueza. (Colosenses 3:16)

3)Nuestros PROBLEMAS. ¿Quién no tiene problemas? ¡Solo los muertos! Todos tenemos problemas que debemos enfrentar y vencer. Lo que diferencia a uno del otro es cómo enfrentas tus problemas. Cuando un problema se viene encima nuestro, lo primero que hacemos es tratar de resolverlo con nuestra propia fuerza. Dios quiere que dejemos de tratar y empecemos a confiar. No importa cuán terrible sea tu situación, ¡Dios puede cambiarla!

4)Nuestra PERSONALIDAD. ¿Hay algún rasgo de tu personalidad que te gustaría cambiar? No hay problema. Cuando tu aceptas a Cristo, cuando tu aceptas que Cristo more en ti, cuando tu tomas tu decisión de fe, algo sorprendente sucede: eres transformado. Todo lo viejo queda atrás. Eres una creatura nueva. ¡Eres nuevo!

Bueno, ya lo sabes, tienes un súper poder operando en ti. ¿Vas a dejar que funcione? ¡Hazlo y transforma tu vida!

jueves, 21 de agosto de 2008

HACIA LA META ¡¡SIN TEMOR!!

Hay cinco palabras en hebreo que traducen con la palabra “temor”. En realidad, en la Biblia la palabra “temor” se menciona unas seiscientas veces. Esto no es algo sin importancia. Jesucristo ordenó: “No teman”. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, desde Abraham hasta Juan en la isla de Patmos, oímos ese mandamiento una y otra vez: “No teman”.

Para poder dominar nuestra tendencia al temor, necesitamos comprender la diferencia entre la emoción de temor y el espíritu de temor. Dios no da la emoción de temor a todos para ayudarnos a responder a situaciones de peligro. El espíritu del temor proviene de Satanás; él nos da el espíritu del temor para dañarnos.

Las enfermedades han matado a miles, pero el espíritu de temor ha matado a decenas e miles. Nuestras más grandes crisis provendrán del temor al problema, no de la presencia del problema. Los psiquiatras describen al espíritu de temor como fobias, y han identificado setenta y cinco fobias diferentes que producen temor irracional, anormal y paralizante. Este espíritu de temor quebrará tu espíritu, destruirá tus defensas y te desarmará el día de la batalla. El espíritu de temor traerá el terror en tu lecho de muerte. Sin importar cual sea la fe que profeses, si vives con el espíritu de temor, eres un ateo practicante. Pablo les dijo a los primeros cristianos: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

El espíritu de temor puede tener cuatro consecuencias dañinas:

1. El temor puede atacar tu mente. Se cuenta la historia de un tipo que a escondidas subió a un vagón que cargaba bananas para viajar gratis a la siguiente ciudad. Se acostó sobre un montón de paja y se durmió. Pero despertó al sentir que algo caminaba por su rostro y sus manos. Se sacudió para alejarlo, pero la cosa seguía allí. Al final, el hombre se levantó, más enojado que asustado. Encendió un fósforo y vio una enorme tarántula. El fósforo se apagó, y la oscuridad le envolvió. Buscó la puerta, pero la encontró cerrada con candado. Golpeó hasta que sus puños sangraron. No hubo respuesta. Cuando abrieron la puerta del vagón a la mañana siguiente, el hombre había enloquecido. No a causa del dolor físico. No porque una tarántula lo hubiera mordido. Enloqueció a causa del espíritu de temor.

2. El temor puede ser contagioso. En un pueblo del oeste, un hombre comenzó a correr por la calle gritando: “¡La represa se ha derrumbado!” Los clientes de la peluquería le oyeron e instantáneamente se unieron a él en pánico, corriendo y gritando: “¡La represa se ha derrumbado!”. Las mujeres que estaban en el supermercado oyeron los gritos y se unieron al grupo. Los policías y los bomberos también lo hicieron. Las calles estaban llenas de gente corriendo y gritando: “¡La represa se ha derrumbado!”. Un anciano corrió tolo lo que pudo, y luego se sentó al costado de la calle. Pensó: “Toda la vida he vivido aquí. ¿De qué represa hablan?”. En verdad, no existía tal represa. No había peligro. Solo había miedo contagiado. Después de unos minutos, todos los habitantes el pueblo volvieron a su lugar, avergonzados y exhaustos a causa de su respuesta a un miedo colectivo.

3. El miedo puede convertirse en una profecía que se cumple por sí misma. Job dijo: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25). El hombre que teme continuamente por su salud, que vive tomándose el pulso y mirándose la lengua en el espejo, morirá años antes de lo que Dios tenía planeado.

4. El espíritu de temor puede robarnos nuestro legado espiritual. No creer implica que Dios es un mentiroso. Si Dios no es verdad, si no podemos creer en Él, entonces no sirve para ser Dios. No creer es traicionar a Dios. Millones de cristianos que se sientan en la iglesia cada domingo a cantar “La Fe es la Victoria” recuentan en el cielo entre los “cobardes e incrédulos”. Los seis miedos mortales: · Miedo a lo desconocido · Miedo a la muerte · Miedo a los demás · Miedo al fracaso · Miedo a la traición · Miedo a la carencia

Si vencemos a estos seis miedos mortales, dominaremos en realidad al espíritu de temor. Y lograremos ser realmente libres. Así que ¡Hacia TU meta! ¡¡Sin temor!!

jueves, 3 de julio de 2008

¡Llamados a la Victoria!

¡Por supuesto! Todos queremos tener una vida Victoriosa, todos buscamos una mejora continua para nustras vidas y el perfecto equilibrio en todos los aspectos de nuestra vida. Pero antes de lograr cualquier sueño, cualquier objetivo, cualquier "cosa" que valga la pena disfrutar, tenemos que pagar el precio: Tenemos que cumplirle a Jesús. "Permaneced en mí y yo en vosotros". Respetar y cumplirle a Jesús, empieza porque estemos conscientes de que Dios está dentro de nosotros y nosostros debemos estar dentro de Él. Por lo tanto "cumplirle a Jesús" significa vivir cada momento de nuestra vida, los tristes y los alegres, los de derrota y los de victoria, los solitarios y los de compañía, con Jesús justamente a nuestro lado, me refiero a vivir cada momento con la radiante presencia de Cristo a nuestro alrededor. ¿Podemos buscar la Victoria? Sí. Independientemente si ves el éxito en términos de dinero, el número de hijos que tengas, el número de personas que llevas a Cristo, en el número de personas en tu iglesia, o cualquier otra cosa, los cristianos queremos la victoria en nuestras vidas. El gran problema es que ponemos nuestros puntos de medida de éxito en términos materiales y es por eso que los números se vuelven tan importantes: queremos un NUMERO suficiente de personas en el grupo de oración, queremos un NUMERO grande de asistentes a la iglesia, y cuando logramos estos números creemos que hemos logrado los objetivos, que hemos tenido éxito. Pero ¿es esto el ÉXITO ante los ojos de Dios? Cuando vayamos tras un objetivo, cuando busquemos alcanzar nuestro ÉXITO hagamonos dos preguntas: 1) ¿Puedo buscar este objetivo abiertamente, a la par de Jesús? 2) ¿Tengo que dejar a Jesús por fuera para hacer realidad mi objetivo? Si al alcanzar nuestros objetivos podemos celebrar con Jesús, porque el nos acompañó a cada paso que dimos, porque el aprobó cada transacción que hicimos y no tenemos nada que ocultarle ni nada que esconder, no solo alcanzamos el éxito sino algo más grande y mejor: la VICTORIA.