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jueves, 22 de enero de 2009

Crecer o Morir

Si está en tus manos salir adelante, piensa cuál es el mejor camino. Desarrolla un plan para convertirte en estudiante del éxito y mejorar constantemente a nivel profesional y personal.

¿Cómo hacerlo?

Invierte en tu propio desarrollo personal.

Invierte por lo menos un 3% de tus ingresos en buenos libros, revistas, audio libros y seminarios. Quien no está dispuesto a invertir en sí mismo, expone el precio de su éxito y éste no es negociable. Miles de personas han logrado llegar a la cumbre y amasar grandes fortunas sin pasar por una educación formal, pero también es cierto que lo lograron porque estaban altamente motivados y poseían una gran actitud.

Lee por lo menos 30 minutos diarios sobre las áreas de tu interés profesional

¿Sabías que si lees una hora al día te puede convertir en experto en un tema, en tres años? Leer una hora diaria, te convertirá en un experto nacional en cinco años y en experto internacional en siete años. Leer una hora diaria, significa leer un libro entero en dos semanas, que equivale a leer 25 libros al año, o sea, 250 libros en diez años. En un mundo donde el profesional promedio lee menos de un libro al año, si tu lees 25 que te ayuden a profundizar en tu profesión, o a administrar mejor tu tiempo, lograrás distanciarte de tus competidores, y mejorar tu situación financiera y tu productividad.

Escucha programas en audio

Aprovecha el tiempo que pasas en un vehículo camino a tu oficina y escucha programas de desarrollo personal y profesional en audio libros. Óyelos mientras te preparas para salir en la mañana, o cuando te encuentres haciendo ejercicio.

¿Sabías que la persona que conduce automóvil hacia su trabajo, emplea un promedio de 500 a 1.000 horas por año detrás del volante y que esto equivale aproximadamente de tres a seis meses de trabajo, contando semanas de 40 horas? Esto equivale a dos semestres de estudio universitario.

Asiste a seminarios y conferencias que contribuyan a tu desarrollo personal y profesional

Sólo quienes no creen saberlo todo y se encuentran en un estado de búsqueda de información y conocimiento constante, tendrán la actitud que les permitirá triunfar. Leer libros y revistas en tu campo de acción, escuchar audio libros que contribuyan a tu crecimiento personal, y asistir a seminarios de actualización deben ser parte de tus metas profesionales e intelectuales.

"Pido en mi oración que su amor siga creciendo más y más todavía, y que Dios les dé sabiduría y entendimiento" Filipenses 1:9

jueves, 8 de enero de 2009

Un día a la vez

¿Por qué Un día consta de 24 horas y durante este período, cada cual decide qué va a hacer con su vida? Hay quienes se dedican a estudiar, otros a trabajar, entrenar, crear, en fin, son infinitas las actividades que se pueden realizar de acuerdo con los objetivos que se persigan. Lo más importante es no actuar en detrimento de lo que realmente se quiere alcanzar.

Lo que significa que todo tiene una razón de ser, nada ocurre por accidente, siempre hay una acción que antecede a otra y el resultado se produce de la unión de este cúmulo de acciones. No es casualidad que este sea un día de éxito y mañana de fracaso.

Definitivamente, el tiempo es oro. Si cada día se desarrollan hábitos y actitudes que están en armonía con las reglas del éxito, no existirán límites para llegar a la cumbre.
Es preciso elegir desde un principio las metas y con base en ellas se determinan las conductas que conllevan al triunfo, para dejar de ser una persona promedio y cultivarlas a diario.

Es indispensable identificar lo más temprano posible a dónde se quiere llegar, para que toda acción se encamine hacia el objetivo que se pretende. El pensamiento y el deseo deben guiar la forma de actuar de cada uno. Si se tiene una dirección establecida es imposible perderse, tarde o temprano se llega a la meta, pero para que esto suceda, es indispensable tener claro lo que se quiere hacer, de lo contrario, será como caminar en un laberinto sin salida.

La tenacidad y la persistencia son dos piezas que siempre deben acompañar a un triunfador. Si llegaran a faltar, todos los sueños serían sólo ilusiones que alimentaron la mente de un ser humano algún día de su vida. Pero si están ahí, a diario, en poco tiempo formarán parte de una realidad que se derivó de la imaginación.

Un día comprende 24 horas que equivalen a 1440 minutos, en este lapso de tiempo se encuentran infinidad de oportunidades, las cuales hay que aprovechar para hacer de este período el más productivo de la existencia.

Así pues, para lograr tus grandes metas solo tienes que empezar por aprovechar un día a la vez. ¡Bien aprovechado!

Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. Salmo 19:2

jueves, 9 de octubre de 2008

Decidido

Por supuesto que tu vida tiene un propósito. Fuiste creado con un diseño único. No eres una "prenda" en serie. Tu diseñador puso su firma en tí: puso su propósito para tu vida. Tu misión es descubrir ese propósito y dirigir toda tu fuerza, tus talentos, tus dones, tus conocimientos, tu preparación y tus recursos para realizar ese propósito.

Cuando descubres tu propósito, la visión para tu vida surge inmediatamente. En ese momento te sientes completo, seguro, animado, motivado y decidido para conseguirlo cueste lo que cueste. De aquí en adelante es cuestión de decisión o de indecisión.

La indecisión es el asesino secreto que estará socavando y aniquilando la visión de tu vida. Te coloca en un terreno pantanoso. Te lleva a arenas movedizas y termina por hundirte en la desesperación, el desconsuelo y el desánimo.

No permitas que la indecisión acabe contigo. Debes tomar el primer paso para lograr tu propósito.

Mucha gente hace listas de lo que tiene que comprar o de lo que tienes que hacer en su trabajo. Sin embargo, no hacen listas de lo que quieren ser y hacer con su vida. Esos deseos de lograr cosas grandes, cosas diferentes, cosas impactantes o simplemente ese deseo de ser y de superar las limitaciones, son chispazos que Dios pone en tu mente y tu corazón para recordarte que estás aquí con un propósito para realizar. ¡Adelante!

Vence la indecisión y conquistarás todo. Si la indecisión te domina, lo perderás todo.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Desafío: ¡¡combate la depresión!!

¿Quién se deprime? Todos, de tanto en tanto. Podemos definir la depresión como un estado mental negativo que causa un cambio en tu humor o en tu conducta y en casos severos, un cambio en tu organismo. La depresión es lo opuesto a ser feliz. La depresión lo cubre todo, desde la tristeza por algo menor, hasta la depresión severa. Las cinco principales causas de la depresión son:

· Desilusión externa.

· Falta de autoestima.

· Comparación injusta.

· Objetivos imposibles de cumplir.

· Un desorden funcional biológico.

Aquí te proponemos seis pasos para derrotar la depresión:

1. Ataca tu problema con el poder del Evangelio. En Filipenses 4:13, Pablo escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Un cristiano que vive deprimido continuamente, se deprime porque elige deprimirse, a menos que sufra de un desequilibrio químico. Este cristiano rechaza los principios de Dios al negarse a la vida llena del Espíritu, que se evidencia en amor, gozo y paz.

2. Dedica tiempo a meditar la Palabra de Dios. ¿Quién controla su mente, el Espíritu Santo o Hollywood? Su mente es como una fantástica computadora. Cuando mira cuarenta horas de sexo y violencia en la televisión, allí está entrado basura. Toda esa basura vuelve a salir. Y el Espíritu Santo no puede vivir en un basurero. David escribió en el Salmo 1:2: “En la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. Si quiere la felicidad de Dios, necesita tener la santidad de Dios.

3. Líbrate de los rencores cada día. La Biblia nos dice: “Si están enojados, no pequen alimentando su rencor. No permitan que el sol se ponga estando aún enojados; venzan al enojo” (Efesios 4:26). La armonía en la familia es esencial para su salud espiritual y mental. Por desgracia, los conflictos familiares irresueltos pueden durar para siempre.

4. Decídete a ser entusiasta. Todos tenemos el potencial para ser entusiastas. La palabra entusiasmo proviene del griego “en” (en), y “theos” (Dios). En Dios. Algunas personas interpretan esta palabra como “estar inspirado por Dios, estar poseído por Dios”. Dios pone entusiasmo en cada ser humano. Es imposible creer en la Biblia y ser pesimista. Si pierdes tu entusiasmo, le das la espalda a tu legado divino. El entusiasmo atrae a las personas y al éxito; la depresión los aleja a ambos.

5. Pasa tiempo cada semana con cristianos comprometidos. Proverbios 13:20 dice: “El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado”. La verdad es que uno se vuelve como sus amigos y su familia; lo quiera o no.

6. Has algo bueno por una persona especial cada semana. A veces la depresión puede estar causada por concentrarnos demasiado en nosotros mismos y en nuestros problemas. En lugar de esto, debemos pasar tiempo pensando en los demás. La Biblia dice: “Dad, y se os dará” (Lucas 6:38). Un acto de amor (tu tiempo, flores, una tarjeta o galletas hechas en casa) enriquecerá la vida de otra persona y le hará feliz a usted.

jueves, 28 de agosto de 2008

¡¡¡Procuren el Oro!!!

¡Procuren el oro! Escuchamos esas palabras motivadoras cada cuatro años al llegar otra serie de Juegos Olímpicos. El ambiente se llena de pláticas motivacionales. El orgullo nacional se desborda y los musculosos atletas de todo el mundo buscan el premio a tantos años de entrenamiento: ¡el oro! ¡La victoria! La medalla representa el logro supremo, lo máximo en el deporte. Algo en lo profundo de nuestro ser desea ganar. Salir en primer lugar. Cumplir el sueño imposible. Alcanzar algún objetivo importante.

Pero ¿te has dado cuenta de una cosa respecto a la victoria? Es asombrosamente esquiva. A veces ni siquiera iniciamos la búsqueda porque nunca nos permitimos hacerlo, nuestros pensamientos de victoria casi parecen estar fuera de lugar, dudamos de poder ganar, no sólo en el ámbito físico del atletismo, sino también en el ámbito profesional, e incluso en la vida espiritual del cristiano cotidiano. ¿Has notado qué escaso y aun admirable parece ser el cristiano victorioso?

Estoy convencido de que nosotros los cristianos tenemos a nuestra disposición suficiente poder para superar las limitaciones, los obstáculos y las circunstancias. El Señor nuestro Dios nos diseñó para que fuéramos vencedores, no víctimas. Nunca nos encargó que meramente aguantáramos, que soportáramos con una sonrisa, que avanzáramos con dificultad a paso de tortuga. ¡No! Más bien nos equipó completamente para que ¡conquistáramos de manera abrumadora! por la fuerza de su poder. Nos concedió permiso pleno para unirnos a la filas de sus hijas e hijos victoriosos.

Si estás listo para creer eso y permitir que sea un factor determinante en tu vida entonces te convertirás en un campeón espiritual, un campeón profesional , un campeón en cada área de tu vida.

El camino a la victoria no es un camino solitario, no es como el corredor solitario en la pista tratando de conseguir el oro, tu vas por el camino, vas en pos de la victoria en compañía de aquel por el cual obtenemos la victoria total. (1 Corintios 15:57)

La victoria que deseamos nunca es automática, la pasividad es un enemigo para cualquiera que tiene la esperanza de llevar una vida victoriosa. Es igual de necio que el creyente piense que la conquista “se dará por si sola” que imaginar a un campeón olímpico de pie sobre la plataforma del vencedor mientras afirma: “En realidad nada tuve que ver con esta medalla de oro. Hace pocos minutos miré hacia abajo y allí estaba, colgada de mi cuello”.

¡Qué broma! El cristiano victorioso, al igual que el atleta victorioso, gana porque de manera deliberada y personal está involucrado en un proceso que conduce a la victoria. Sigue tu proceso, no estás solo, tienes segura la victoria porque…

¡Con Dios obtendremos la victoria! (Salmo 60:12)

jueves, 21 de agosto de 2008

HACIA LA META ¡¡SIN TEMOR!!

Hay cinco palabras en hebreo que traducen con la palabra “temor”. En realidad, en la Biblia la palabra “temor” se menciona unas seiscientas veces. Esto no es algo sin importancia. Jesucristo ordenó: “No teman”. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, desde Abraham hasta Juan en la isla de Patmos, oímos ese mandamiento una y otra vez: “No teman”.

Para poder dominar nuestra tendencia al temor, necesitamos comprender la diferencia entre la emoción de temor y el espíritu de temor. Dios no da la emoción de temor a todos para ayudarnos a responder a situaciones de peligro. El espíritu del temor proviene de Satanás; él nos da el espíritu del temor para dañarnos.

Las enfermedades han matado a miles, pero el espíritu de temor ha matado a decenas e miles. Nuestras más grandes crisis provendrán del temor al problema, no de la presencia del problema. Los psiquiatras describen al espíritu de temor como fobias, y han identificado setenta y cinco fobias diferentes que producen temor irracional, anormal y paralizante. Este espíritu de temor quebrará tu espíritu, destruirá tus defensas y te desarmará el día de la batalla. El espíritu de temor traerá el terror en tu lecho de muerte. Sin importar cual sea la fe que profeses, si vives con el espíritu de temor, eres un ateo practicante. Pablo les dijo a los primeros cristianos: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

El espíritu de temor puede tener cuatro consecuencias dañinas:

1. El temor puede atacar tu mente. Se cuenta la historia de un tipo que a escondidas subió a un vagón que cargaba bananas para viajar gratis a la siguiente ciudad. Se acostó sobre un montón de paja y se durmió. Pero despertó al sentir que algo caminaba por su rostro y sus manos. Se sacudió para alejarlo, pero la cosa seguía allí. Al final, el hombre se levantó, más enojado que asustado. Encendió un fósforo y vio una enorme tarántula. El fósforo se apagó, y la oscuridad le envolvió. Buscó la puerta, pero la encontró cerrada con candado. Golpeó hasta que sus puños sangraron. No hubo respuesta. Cuando abrieron la puerta del vagón a la mañana siguiente, el hombre había enloquecido. No a causa del dolor físico. No porque una tarántula lo hubiera mordido. Enloqueció a causa del espíritu de temor.

2. El temor puede ser contagioso. En un pueblo del oeste, un hombre comenzó a correr por la calle gritando: “¡La represa se ha derrumbado!” Los clientes de la peluquería le oyeron e instantáneamente se unieron a él en pánico, corriendo y gritando: “¡La represa se ha derrumbado!”. Las mujeres que estaban en el supermercado oyeron los gritos y se unieron al grupo. Los policías y los bomberos también lo hicieron. Las calles estaban llenas de gente corriendo y gritando: “¡La represa se ha derrumbado!”. Un anciano corrió tolo lo que pudo, y luego se sentó al costado de la calle. Pensó: “Toda la vida he vivido aquí. ¿De qué represa hablan?”. En verdad, no existía tal represa. No había peligro. Solo había miedo contagiado. Después de unos minutos, todos los habitantes el pueblo volvieron a su lugar, avergonzados y exhaustos a causa de su respuesta a un miedo colectivo.

3. El miedo puede convertirse en una profecía que se cumple por sí misma. Job dijo: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25). El hombre que teme continuamente por su salud, que vive tomándose el pulso y mirándose la lengua en el espejo, morirá años antes de lo que Dios tenía planeado.

4. El espíritu de temor puede robarnos nuestro legado espiritual. No creer implica que Dios es un mentiroso. Si Dios no es verdad, si no podemos creer en Él, entonces no sirve para ser Dios. No creer es traicionar a Dios. Millones de cristianos que se sientan en la iglesia cada domingo a cantar “La Fe es la Victoria” recuentan en el cielo entre los “cobardes e incrédulos”. Los seis miedos mortales: · Miedo a lo desconocido · Miedo a la muerte · Miedo a los demás · Miedo al fracaso · Miedo a la traición · Miedo a la carencia

Si vencemos a estos seis miedos mortales, dominaremos en realidad al espíritu de temor. Y lograremos ser realmente libres. Así que ¡Hacia TU meta! ¡¡Sin temor!!

jueves, 14 de agosto de 2008

¿¿¿Preocupado???

Muchos de los que leen éste blog se han graduado como Doctores en Preocupación. Pero la preocupación no puede cambiar el pasado, y puedes estar seguro que arruinará el presente. La preocupación te llevará a un solo lugar antes de tiempo: el cementerio. La preocupación persigue a toda clase de personas… ricas y pobres, inteligentes y analfabetas. Los jóvenes se preocupan, los viejos, la gente endeudada, la gente con demasiado dinero. Nos preocupamos por lo que tenemos y por lo que no tenemos. Por lo que dijimos y por lo que no pudimos decir. Por lo que hicimos y por lo que no hicimos. Por nuestra calvicie, nuestros juanetes y las protuberancias de nuestro cuerpo. Algunos se preocupan porque no están casados, y otros porque lo están. La preocupación significa que hay algo en lo que no podemos salirnos con la nuestra. En realidad, la preocupación es nuestro enojo personal con Dios por algo que sucede en nuestra vida (o tememos que pueda suceder) que Él está permitiendo y no podemos controlar. Hay tres razones por las que debemos evitar la preocupación: 1. La preocupación es la fe en el temor. ¡El temor es el rechazo a la fe! La Biblia nos dice: “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor” (2 Timoteo 1:7, DHH). El temor demuestra que no confiamos en que Dios nos ayudará a resolver el problema en que nos encontramos. A veces pensamos que es un gran elogio que nos digan que somos “persona de una gran fe”. Sin embargo, esto no es un elogio, porque servimos a un Dios que jamás ha fallado. No se necesita una gran fe para creen en alguien que jamás nos falla. Sin embargo, sí hace falta gran fe para creer en alguien que a menudo nos falla. Dios jamás le ha fallado, y nunca lo hará, por eso no debes preocuparte. 2. Debemos evitar la preocupación porque mata. Los mejores médicos nos dicen que la preocupación es la madre del cáncer, de las enfermedades del corazón, de la alta presión sanguínea y de las úlceras. No es lo que come. Es lo que le carcome a usted. La preocupación nos llena la cara de arrugas. Paraliza nuestra mente y la vuelve improductiva. La preocupación no tiene cabida en la vida de un creyente. 3. Debemos evitar la preocupación porque es totalmente inútil. Jesús dijo:” ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? (Mateo 6:27). La preocupación nunca nos ha aliviado una carga. Nunca ha resuelto un problema ni ha secado una sola lágrima. La preocupación jamás nos ha brindado una respuesta. No te preocupes por el mañana: está en manos de Dios. El pasado es historia, y el futuro es un misterio. Solo esta el hoy. Es por eso que se llama presente. ¿Cómo nos libramos de la preocupación? Controla tus pensamientos, dice Pablo, y controlarás tu mundo. En Filipenses 4:6-7, Pablo aconseja: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. La paz es el regalo de Dios, y él solo se la da a quienes se han reconciliado con él por medio de Jesucristo. ¡Que consuelo y seguridad traen estas palabras! “Por nada estéis afanosos”. Son más fuertes que las eternas colinas. Sea cual fuere tu problema actual, reconoce que Dios está en Su trono y que todo terminará bien. ¿Por qué preocuparse? “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:2). ¿Por qué preocuparse? “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos” (Salmo 91:11). ¿Por qué preocuparse? Tú estás cubierto con su preciosa sangre. Tú y solo tú, eres responsable de los pensamientos y actitudes emocionales que gobiernan tu vida. Eso es tremendamente poderoso. Eso es autocontrol. Eso es autodominio.

jueves, 7 de agosto de 2008

¡¡¡Cambia el mundo!!!

Pablo escribió: “El amor no busca el mal” y “el amor todo lo espera”. Sin embargo, cuando tenemos baja autoestima, pensamos cosas malas acerca de nosotros mismos y nos negamos a esperar lo mejor para nosotros. ¿Qué es la autoestima? El diccionario Webster la define como “respeto a uno mismo”. Fundamentalmente, la autoestima es el modo en que nos vemos a nosotros mismos. ¿A quién ves en el espejo? ¿Te gusta lo que ves? El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos determinará nuestra respuesta a cada una de las siguientes preguntas: ¿Te gusta Dios? ¿Te gusta pensar en tu futuro? ¿Te gusta tu esposa? ¿Te gusta tu esposo? ¿Te gusta alguien? ¿Querrías ser otra persona? El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos determinará nuestro futuro espiritual, emocional, intelectual y financiero. Uno e los secretos mejor guardados del éxito es el siguiente: debemos sentir amor dentro de nosotros antes de poder darlo a otros. Si tu corazón está lleno de dudas y sentimientos de inferioridad, no tienes nada para dar a tu cónyuge, a tus hijos o a las personas con las que trabajas. La única cosa en el mundo que puedes cambiar es a ti mismo. Y eso marca la diferencia. Todo el mundo piensa en cambiar al mundo, pero nadie piensa en cambiar la única cosa que podemos cambiar: a nosotros mismos. He aquí una sencilla prueba que te ayudará a determinar si estás aceptando un estilo de vida que te obliga a ignorar quién eres. ¿Estás siempre cansado, estresado, emocionalmente exhausto, deprimido, preocupado o infeliz? ¿Sientes que solo sigues los movimientos, día tras día? ¿Tu vida consiste en cosas que dices odiar, y sin embargo sabes que tienes que continuar haciéndolas? Esto equivale a traicionarse a sí mismo. Te quejas por tu sobrepeso, pero no haces nada para cambiar. Estás asesinando tu autoestima. Recuerda esto durante el resto de tu vida: no podrás cambiar aquello que no estés dispuesto a enfrentar. Esto es válido para tu matrimonio, tu problema de sobrepeso, tus hijos o tus dilemas financieros. ¿Estás traicionándote a ti mismo al no enfrentar las áreas que podrían requerir cambios? ¿Te quejas porque te faltan calificaciones, pero no estudias para mejorarlas? Tienes una gran cantidad de excusas. Una de ellas es: “Ya estoy demasiado viejo para estudiar”. Eso es una tontería, lisa y llanamente. Nunca es tarde para ser lo que uno puede llegar a ser. Tu matrimonio está tan muerto como Julio César, poro te niegas a buscar un consejero o a iniciar alguna acción positiva que te pueda ayudar a mejorarlo. Esto es traicionarte a ti mismo. Si le has entregado el control de tu vida a un tornado de actividades y vives viéndola desde afuera, en lugar de verla desde dentro, estás actuando, como lo hace un actor sobre el escenario. La palabra bíblica para “actuación” es hipocresía. (Y ya sabemos qué pensaba Jesús acerca de los hipócritas). La próxima vez que te veas al espejo recuerda que estás viendo a alguien grande, poderoso, creativo, dinámico, estás viendo a alguien que puede lograr cualquier objetivo, cualquier meta, que puede superar cualquier obstáculo: ¡¡¡estás viendo a un hijo de Dios!!!

jueves, 24 de julio de 2008

¡Alto! ¡Es temprano para abandonar!

La frase: “Persevera y sigue intentándolo”, debe quedar grabada a fuego en tu mente. No te permitas abandonar ningún proyecto una vez iniciado. Puedes decidir no comenzar, pero si comienzas, no puedes abandonar.

Hay personas que logran el éxito porque están destinadas a conseguirlo, pero la mayoría lo hace porque tiene la firme determinación de lograrlo.

¿Conoces tu proyecto divino? Si no lo conoces, vivirás en un estado de perpetua insatisfacción hasta que comprendas con claridad las razones por las que Dios te ha puesto en la tierra.

Muchas personas exitosas han alcanzado sus objetivos, pero no tienen paz, ni gozo, ni sentido de logro. ¿Por qué? Porque la vida, sin que conozcamos nuestro propósito divino, nos lleva a una sensación de vacío, de desilusión.

Dedica un tiempo hoy para examinar tu vida. Si no está controlada por el propósito de Dios, está entonces bajo el control del mundo, de la carne, y hasta quizá de Satanás mismo. Toma la decisión de encontrar el propósito de Dios para tu vida.

Llega un momento en la vida en que parece atractiva la idea de claudicar. Cuando los problemas parecen demasiado terribles… cuando los gigantes parecen invencibles… las montañas infranqueables… cuando la derrota parece inevitable… ¡cuando retroceder parece la única opción! Pero recuerda: ¡Siempre es demasiado temprano para claudicar!

Sea lo que sea que estés haciendo hoy, sigue intentándolo. Las montañas se ven altas solo cuando se las mira desde el llano. Por desgracia, el camino al éxito va ladera arriba, así que no esperes romper ningún record de velocidad. Lo único que podemos intentar cuando todo lo demás fracasa es “comenzar de nuevo”.

Correr más rápido, saltar más alto y ser mejor que los que compiten con nosotros tiene un precio. Los campeones se obligan a hacer lo que no les gusta para poder hacer lo que se debe en el momento de la competencia. Todos queremos lograr el éxito. La mayoría de las personas pasan días y años soñando con el éxito. La gente habla, escribe, visualiza y estudia en seminarios para saber cómo alcanzarlo. Pero no es hasta que uno decide perseverar (resistir hasta el final) para ser el último que queda en pie cuando toca la campana que indica el final del último asalto, que lograremos hacer que el fracaso nos eluda hasta nuestro último respiro.

“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13). Recuerda: ¡Siempre es demasiado temprano para claudicar!